lunes, 2 de junio de 2014

Palazzo Barbieri.

“Look out kid,don't matter what you did walk on your tip toes
Don't try, 'No Doz' better stay away from those that carry around a fire hose”

Sebastian leía detenidamente una de las tantas páginas del diario de su ex novia, su ahora fallecida ex novia. A Stella le fascinaban las letras de Bob Dylan, pero que va, ¿a quién no le gustan?.Por otro lado era fan acerríma de The Smiths  banda la cual no le caía en gracia al chico, pero eso había sido hace tiempo, su relación amorosa de 5 años había llegado a su fin debido a los diferentes planes que ambos tenían, ella por su lado quería ser modelo,  y el joven de escasos  18  en ese entonces había descubierto su pasión por la filología inglesa.

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¿Estas seguro Bas? Quiero decir tu padre va a matarte,acaso eso es una carrera reconocida?”- preguntaba inquieta aquella chica de cabello castaño hasta la diminuta cintura. El se distrajo un momento observándola, su boca llena fruncida por el gesto de desaprobación, sus delgados y largos brazos cruzados, y su cuerpo tapado por las sábanas de seda color peridot.                                         
“Ya está arreglado todo, el pensará fui  a la facultad de Derecho en Oxford, y en cuánto el me mande el dinero para pagar la matrícula estaré muy lejos en Bilbao.”
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Días después habían tenido una gran pelea sobre las grandes distancias, el problema de horario y el cómo su relación solo estorbaría en sus futuros planes. Se dieron un cordial abrazo y prometieron hablarse cada vez que visitarán su respectiva ciudad. A decir verdad quedaron en muy buenos términos, y después de aquella tarde no volvió a saber de ella.

Hasta hace 1 semana..


Le hablaron desde Verona para informarle lo sucedido, el hombre de ahora 26 años tembló al escuchar las últimas palabras del mayordomo de su antiguo amor de preparatoria.

“-Es así como la encontramos joven Boissieu, únicamente dejo una nota con su número de teléfono y sus últimas voluntades”-soltó el teléfono y la garganta se le secó de golpe.

Sebastián pensaba que el momento más incomodo de su vida había sido cuando cayó de bruces frente a su crush, con los pantalones deportivos hasta los tobillos, y el patío de recreo a reventar de gente. Pero se había equivocado, como otras veces, al entrar a la sala de los Salvin todas las miradas se posaron en él, como si fuera un maldito fantasma, como si él hubiera incitado a Stella a suicidarse.

Después de 20 minutos de miradas acusadoras y susurros molestos, la madre de la chica, visiblemente dañada se le acerco con una caja de tamaño mediano.

-Lo siento tanto Señora Salvin, tomé el primer vuelo que encontré.. – ella solamente alzó la mano en forma de reproche, y silenció las tan ensayadas condolencias del aquel hombrecillo aturdido.
-No tengo la menor idea por qué mi hija le dejó esto a usted, así como tampoco tengo la menor idea de su inquietante presencia, solo tómelo y abandone esta casa.-le dio la caja con un brusco golpe mientras lo miraba con desdén.

No sabía si seguir hojeando el diario de Stella o largarse a dormir, tenia 2 días en aquel departamento y el hecho de estar de vuelta en San Francisco tras años de ausencia lo ponían nervioso, aunque probablemente era el simple hecho de recién haberse mudado a un nuevo departamento.

Decidió dejar Italia el mismo día del funeral de Stella, no tenía caso quedarse ahí, su padre seguía sin hablarle por haber estudiado una carrera totalmente opuesta a lo que él había planeado para su hijo, tal vez debió dejar un ramo de flores en la tumba de su madre, pero prefirió saltarse ese incomodo momento.

San Francisco era el lugar donde había conocido a sus ya añorados amigos, donde había obtenido un trabajo decente y donde había encontrado paz después del enredo de su desastrosa familia.

Tomo un trago del whisky que se había servido horas atrás, cuando empezó a escuchar que alguien llamaba a la puerta.

Minutos después, aventó el montón de facturas y recibos hacia la mesita de café en el centro de la sala, cuando unos sobres color violeta llamaron su atención.

“Alena Tolreugh
Lewmen State Garden #52
San Francisco CA.”

Todos con el mismo destinatario.

Se terminó de un sorbo el whisky y tomó cada uno de los sobres, al chico no le gustaba dejar las cosas para otro momento, le creaba ansiedad y molestia en extremo.

Al tocar la puerta del departamento vecino se percató que apenas eran las 8 de la mañana en un sábado, después de unos minutos decidió que lo mejor era irse, dio la media vuelta cuando escucho una lejana voz gritando en el interior.

De un momento a otro abrieron la puerta de golpe.

“Debiste traer llaves!”- Una chica de unos veintipocos, con aspecto desvelado, despeinada y con restos de maquillaje corrido y olor a cigarro gritó.- “Lo siento, pensé que eras mi compañera”- sonrió nerviosa, mientras la comisura de su labio superior inclinaba hacia arriba  y sus grandes ojos  trataban de acostumbrarse de una vez por todas a la luz del día.

“Dejaron tu correspondencia en mi apartamento”- Sebastián extendió el brazo con todos los sobres mientras desviaba la vista.
-Gracias.- la chica tomo los sobres.- Hmm cuál es su nombre?.


Al terminar de explicarle que era nuevo en el edificio y de proporcionarle su nombre completo mientras ella limpiaba sus ojos con la manga de su playera sintió un golpe en el estómago. Después de quitarse la mayoría de  plasta negra de sus pestañas y párpados pudo observarla aun mejor, él sabía muy bien que el karma era una perra en todos los sentidos, pero pensaba que conocía limites, odiaba con todas sus fuerzas los ojos grises, y podía jurar que esa extraña no sería una excepción.


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