viernes, 28 de marzo de 2014

The Love Club

Alena entró al departamento más sigilosamente de lo normal,  eran casi las 3 de la mañana y no quería despertar a su compañera. Arrojó su bolso al suelo y se tiró al sillón más cercano, comenzó a masajearse la sien tratando de procesar lo que había pasado las últimas horas.

Después de varios minutos se puso de pie y fue a la cocina, encontró un post-it color amarillo chillón sobre el refrigerador :
“Fui a casa de mi tía a pasar la noche, checa la mesa y no hagas estupideces”

Kenia sí que tenía un sentido de la responsabilidad alto, hizo bolita el papel y lo tiró, resopló  ligeramente al llegar a la mesa del pequeño comedor color caoba, había una botella de Cabernet Sauvignon, una caja de chocolates, 3 cigarros y el encendedor color rosa mexicano de su precavida compañera.

Sabía que era una prueba, y sabía muy bien por que Kenia lo hacía, cada vez que terminaba con un chico seguía uno de 2 patrones muy específicos, uno muy usual de las chicas y otro muy estúpido digno del carácter de Alena.

Tomó la botella de mala gana y  regresó a la cocina por el destapa corchos.

Se tumbó en el sillón y comenzó a beber como acostumbraba, después de casi 4 meses de noviazgo había decidido terminar todo contacto con Theo, no era realmente sorpresivo, la chica tenía semanas sin soportar al egocéntrico abogado y sus pretenciosas películas eslovenas, su manera de despreciar a los meseros y su aburrido o más bien nulo sentido del humor.

Lo que sí fue sorpresivo fue la manera en la que el actuó cuando ella entró en tema, estaban cenando en la terraza mientras él hablaba de la mala situación económica de Montenegro, país del cual no tenía ni la mínima idea Alena.

“Creo que debemos dejar de vernos”- pronunció de golpe y segundos después tomo un sorbo del vaso de agua que tenía enfrente.
¿Disculpa?”- Theo pusó las manos sobre la mesa mientras sus púpilas se dilataban.

Ella le explicó que no sentía química alguna, que eran demasiado diferentes y que la diversión que habían tenido al principio había desaparecido.

Todo pasó tan rápido, lo siguiente que sabía era que el chico se había echado a llorar como un niño de 4 años al rasparse las rodillas.

Duró consolándolo alrededor de 3 horas, explicándole por que no podían seguir juntos, diciéndole que pronto encontraría a la persona indicada para él, pero no desistía y se aferraba a su pierna cada vez que ella trataba de marcharse del lugar.

Alena salió al balcón mientras encendía el primer cigarrillo, justo después de dejar la botella en la mesa casi a la mitad. La ciudad se veía igual que siempre, las luces de los edificios titilaban de manera casi infantil.

“No puedes seguir así, no duras ni cinco meses con los hombres y ya llevas tres novios en este año, diablos Lena organiza tu vida amorosa de una maldita vez”- Recordó las palabras que Kenia le había dicho o más bien gritado en su última ruptura, hace 5 meses.

¿Qué podía hacer ella? La verdad es que no tenía mal gusto, había conocido a varios hombres decentes pero por alguna u otra razón las cosas no se daban y nunca encontraba el balance con ellos, jamás en su vida había tenido una relación estable y el hecho de tener que terminar con cada novio no significaba que no le doliera, sino todo lo contrario.

Bob había estado obsesionado con el trabajo, Steven era un inmaduro en todos los sentidos, Oscar y Walter eran unos completos parásitos de la sociedad y qué decir de Iker, que había resultado impotente.

Después de 2 sorbos de vino, 1 cigarro y 4 trufas de chocolate blanco, Alena se quitó el pantalón y se dispuso a dormir en el sillón.

“Ya voy!”- gritó desde el baño, rápidamente se enjuagó la boca y trató de peinarse mientras todo alrededor le daba vueltas, corrió hacia la puerta y abrió de un golpe.

“Debiste traer llaves”-gritó sin mirar al frente, al ver la cara de confusión de la persona que tenia por delante sonrío nerviosa.- “Pensé que eras mi compañera”- se disculpó

“Dejaron tu correspondencia en mi apartamento”-el joven le extendió unos sobres y  le sonreía tímidamente, ella le dio las gracias, mientras el explicaba que se acaba de mudar al edificio.

Supuso que todo se trataba de un horrendo ciclo vicioso.

Tal vez si era la hija de puta que muchos hombres le habían dicho que era.


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