martes, 11 de marzo de 2014

Espejos

Como cada lunes acompaño a mi tío a correr en la mañana, a veces no es necesario ponerme los auriculares e ignorarlo, es de las pocas personas con las que puedo hablar casí de lo que sea o compartirle los datos curiosos que encuentro en mis tiempos de ocio en Internet, íbamos iniciando la última vuelta cuando divisamos aquella espalda tan familiar; ya cansada, ya a sus cincuenta y pocos, su tez morena.

Mi tío Salvador me pregunto si era mi otro tío, el primo de mi papá el cual venía a ser su mejor amigo y así fue ; contuve la respiración mientras lo abrazaba y saludaba, no por que oliera mal no malentiendan, sino por el simple hecho en que es la copia más joven de mi padre.

Su mismo tono de voz y el léxico de campo que lo caracterizaba, su misma complexión física , hasta la mirada tristona es igual. Siempre evito topármelo por que no me gusta recordar a mi papá así, taimado y jovial, pero ese día era inevitable no entablar conversación con el.

“Te ves altísima y delgada” “Estas igual a tu papá” “Tienes sus ojos”

No se para que me lo dice, ya lo sé, soy su copia en femenino, en carácter y terquedad que viene en el paquete.


No puedo negar que me dieron ganas de abrazarlo, de fingir que era mi papá y olvidarme de todo un rato, uy ya imagino su cara “Y esta que trae?” hubiera pensado.


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