Como cada lunes acompaño a mi tío a correr en la mañana, a
veces no es necesario ponerme los auriculares e ignorarlo, es de las pocas
personas con las que puedo hablar casí de lo que sea o compartirle los datos
curiosos que encuentro en mis tiempos de ocio en Internet, íbamos iniciando la última vuelta cuando divisamos aquella espalda tan familiar; ya cansada, ya
a sus cincuenta y pocos, su tez morena.
Mi tío Salvador me pregunto si era mi otro tío, el primo de
mi papá el cual venía a ser su mejor amigo y así fue ; contuve la respiración
mientras lo abrazaba y saludaba, no por que oliera mal no malentiendan, sino
por el simple hecho en que es la copia más joven de mi padre.
Su mismo tono de voz y el léxico de campo que lo
caracterizaba, su misma complexión física , hasta la mirada tristona es igual.
Siempre evito topármelo por que no me gusta recordar a mi papá así, taimado y
jovial, pero ese día era inevitable no entablar conversación con el.
“Te ves altísima y delgada” “Estas igual a tu papá” “Tienes
sus ojos”
No se para que me lo dice, ya lo sé, soy su copia en
femenino, en carácter y terquedad que viene en el paquete.
No puedo negar que me dieron ganas de abrazarlo, de fingir
que era mi papá y olvidarme de todo un rato, uy ya imagino su cara “Y esta que
trae?” hubiera pensado.

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