Justo en clase de Oratoria, ya a las últimas horas donde por
lo general ya estás cansado, empezamos a hablar de las barreras en la
comunicación con un ligero enfoque a; válgame la redundancia la oratoria.
Hubo una parte que llamó mi atención, no recuerdo exactamente
si eran barreras psicológicas o ideológicas, pero el punto era que no debíamos
ser prejuiciosos tanto en la vida cotidiana como a la hora de exponer.
Esto despertó una risa interna en mí, era algo irónico por
lo cual me abstuve de comentar.
“Yo soy muy prejuiciosa” le dije a Elisa (y lo sigo siendo,
solo que ya no tanto)
Y es que sí, todos tendemos a ser prejuiciosos en algún momento,
y desde mi punto de vista he aprendido la lección varias veces (Unas 7 u 8 veces)
“Es que es súper odiosa goe, ha de ser presumida mil”
“Ay sí, es un amor, hablé con ella y es buen pedo”
Antes -- Después
El segundo mejor que el primero.
Un caso curioso es mi grupo de amigas actual, meses antes de
unirme a su “crew” las veía desde lejos y siempre pensaba que eran un grupito
de niñas muy “kul” sin ningún problema en la vida y algo reservadas.
La realidad fue algo contraría
Así me ha pasado una y otra vez con diferentes personas, pero así como me
equivoco de mal a bien, me ha tocado ver que algunas personas son mucho peor de
lo que pensé.
Hoy en día trato de conocer primero al susodicho (a) y luego
ver que onda, y digo trato porque a
veces es imposible no asociar a la persona con ciertos comentarios que escuchas
de su entorno.
Y pos´ te ondeas.

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