jueves, 17 de julio de 2014

1 MÁS UNO.

Hemos tratado de ser adultos desde que cumplimos los 15.

Cuando entramos a preparatoria y las tradicionales salidas al cine se convirtieron en  permisos para llegar “poquito después de las 12”.
Cuando por fin cumplimos 18, pensábamos que de repente íbamos a madurar, de golpe, pero nada cambio.
No fue hasta que estábamos tirados en el piso del baño, llorando con nuestros mejores amigos, viendo a nuestros padres enfermos, recibiendo la cuenta de la tarjeta de crédito, borrachos o drogados, en diferentes estados.
Que nos dimos cuenta, la edad solo es un número, y la realidad es que no hay tal cosa como “volverte un adulto”


Solo te haces más viejo, y si pones atención y tienes un poco de suerte, tal vez un poco más sabio.


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